Rosendo Fraga
Director Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

 

Rosendo Fraga sarmiento

Asociación Sarmientina Rosendo Fraga

Conferencia de Rosendo Fraga para la Asociación Sarmientina.

Para descargar el artículo de la conferencia haga click: SARMIENTO Y LA PATAGONIA

 

I. INTRODUCCIÓN

El revisionismo histórico instaló un lugar común respecto a que “Sarmiento quiso entregar la
Patagonia”. A partir de algunas opiniones vertidas en artículos publicados por el ilustre sanjuanino
en Chile, durante el período de su exilio, se sacaron frases de contexto, a partir de las cuales se
construyó dicha afirmación.
Aún entre quienes reivindican a Sarmiento este punto, en general, no ha sido tratado y
muchas veces se lo ha asumido como un error de coyuntura sobre el cual se ha preferido no dar
explicaciones.
Pero, una investigación objetiva sobre la evolución de la política del Estado argentino
respecto de la Patagonia nos muestra que por el contrario, el primer presidente argentino que
realiza una “política de Estado” referida a la Patagonia es Sarmiento.
En consecuencia, me propongo fundamentar esta hipótesis ya que a sus muchas y diversas
virtudes y logros, Sarmiento suma el de ser el primer Jefe de Estado argentino que asume a la
Patagonia como parte integrante del territorio nacional.
Para ello analizaremos tres aspectos de su gestión de gobierno: 1) En educación, los
cambios que se introducen en la enseñanza de geografía a través de los cuales se pasa a enseñar
que la Patagonia pertenece a la Argentina. 2) En política exterior, la acción diplomática tendiente a
hacer reconocer y fundamentar los derechos argentinos sobre los territorios australes. 3) En
política interior, los actos del Estado argentino tanto en materia de administración política, como
concesiones de explotación económica y presencia militar, que buscaban integrar la Patagonia al
territorio nacional.

II. LA ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA

Los manuales de enseñanza que se utilizan en las escuelas constituyen un elemento muy
importante para poder evaluar la concepción de país que predomina en una determinada
comunidad, en un específico momento histórico. Es desde esta perspectiva, que resulta importante
conocer cuál era la concepción que se daba en las escuelas respecto de la soberanía argentina en
la Patagonia durante el siglo XIX.
El texto más utilizado para enseñar geografía en las escuelas argentinas en los años
inmediatamente posteriores a Caseros era el Catecismo de Geografía, con Adiciones de Balbi,
Guim, Malte-Brun, Letrone, Torrente y Otros Autores en su versión corregida y aumentada. La
edición es de la Imprenta de la Revista, Buenos Aires, 1856.
La metodología usada era la de formular preguntas al estilo del catecismo -de ahí la
denominación de Catecismo de Geografía- con sus respectivas respuestas. Se trataba de un
método pedagógico innovador para la enseñanza argentina de mediados del siglo XIX.
El libro está ordenado en setenta y tres capítulos designados con números romanos. A partir
del cuarenta y cinco se refiere al continente americano y los países que lo integran. Por ejemplo
vemos que el número LV es Brasil, el LVI Confederación Argentina, el LVI -hay un error al repetir el
número- República del Paraguay; el LVII República Oriental del Uruguay; el LVIII Perú; el LIX
Chile; el LX Bolivia y el LXI Patagonia.
Es decir, se enseñaba que la Patagonia era un país independiente de la Confederación
Argentina. En ese capítulo ante la pregunta “¿Qué es la Patagonia?” la respuesta dice: “Bajo este
nombre, se entiende todo el país al Sur de la Confederación Argentina. Se llama también Tierra
Magallánica porque la descubrió Magallanes en 1519; comprende la Tierra de Fuego y un gran
número de islas conocidas por el nombre de Cabo de Hornos”.
Surge nítidamente que no se contempla a la Patagonia -a la que considera un país- como un
ámbito geográfico bajo la Soberanía Argentina. Ello se confirma al analizar el capítulo LVI dedicado
a la Argentina, ya que al preguntar: “¿Cuáles son los límites de la Confederación Argentina?”
contesta: “Bolivia al Norte, la República del Paraguay, el Brasil, la República Oriental, y el Océano
al Este, Patagonia y el Océano Atlántico al Sur, Chile al Oeste”. Se reconoce así explícitamente a
la Patagonia como límite sur de la Argentina.

Al realizar análoga pregunta en el capítulo LIX, dedicado a Chile, define a La Patagonia
como su límite sur y en consecuencia como un país independiente, tanto de Chile como de la
Argentina.
La segunda pregunta es: “¿Cuál es el clima y terreno de Patagonia?”. Cuya respuesta dice: “
Frío y estéril, y expuesto á vientos impetuosos”.
“¿Cuáles son las tribus patagónicas?” es la tercera y última, a lo que contesta: “Se pueden
reducir á tres clases: Araucanos, Indios Pampas y Patagones. Estos últimos son indios brutos é
indolentes, forman tropas errantes como bestias; no tienen lugar ni aun chozas. Los Indios Pampas
no son tan salvajes; tienen algunas tolderías permanentes, propiedades, ideas de tráfico y
obedecen a caciques. Los Araucanos son sin duda la raza mas noble de indios no solo en
Patagonia pero en toda la América”.
Se trata de una muestra sobre la concepción social que predominaba sobre el indio en el
sistema educativo de la época.
La edición de este Catecismo de 1861, editado por imprenta y litografía de “Bernheim y
Boneo” de la calle Perú 147, mantiene la misma concepción diciendo respecto a la Patagonia que
“Bajo este nombre se extiende todo el país al Sur de la Confederación Argentina”, dedicando las
mismas tres preguntas sobre este país que en la edición de cinco años antes y manteniéndolo
como límite sur tanto de Chile como de la Argentina.
El Catecismo de 1862 también es de “Bernheim y Boneo”. El capítulo LXI, referido a la
Patagonia, conserva las mismas preguntas sin ninguna modificación en el texto de las respuestas,
respecto de las dos ediciones anteriores.
Durante la presidencia de Mitre, el director del Colegio San Martín Roberto Hempel, escribe
su Geografía Especial de América, destinado a la enseñanza, que también mantiene el sistema de
las preguntas al estilo del catecismo. Este manual fue editado en 1866 e impreso en la Imprenta
Alemana, de la calle San Martín 111 de la ciudad de Buenos Aires. En el capítulo dedicado a
América del Sur, se pregunta: “¿Cuáles son los países de América del Sur?” y la respuesta
expresa que la República Argentina y Patagonia, estableciendo una relación, pero diferenciándolas
como dos países diferentes. Sigue luego enumerando el Uruguay o Banda Oriental, el Brasil, etc.
Dedica a la Patagonia un capítulo como país independiente y al preguntar cuáles son sus
límites, contesta: “al Norte Chile y el Río Negro; al Este el Océano Atlántico; al Sur, el Estrecho de
Magallanes; al Oeste el Océano Pacífico.
Ante la pregunta: “¿Cuál es su extensión?” responde: “Patagonia tiene como 22 mil leguas
cuadradas, en donde viven los Indios Araucanos en la frontera de Chile; los Pampas que hacen

sus invasiones en los Estados Argentinos y los Patagones que son los mas brutos por no estar
jamás en contacto con naciones civilizadas”. Es decir que mantiene la misma concepción social
sobre los indígenas que expresara el Catecismo de Geografía de Balbi de una década atrás.
Es recién en la presidencia de Sarmiento cuando se produce el cambio en los manuales de
Geografía y comienza a enseñarse que la Patagonia es argentina.
Elementos de Geografía dispuestos para los niños de Asa Smith, en su quinta edición de
1874, de la Imprenta de Pablo Coni, Editor, de la Calle Potosí 60 de la ciudad de Buenos Aires,
mantiene la metodología de las preguntas al estilo del catecismo. En este texto deja de enseñarse
que la Patagonia es país independiente en América del Sur.
En el capítulo referido a la República Argentina al preguntar “¿Cuáles son los límites?”
responde: “Al Norte, las Repúblicas del Paraguay y Bolivia y desiertos del Chaco; al Oeste la
Cordillera de los Andes, que la separa de Chile; al Sur el Océano Atlántico y Estrecho de
Magallanes; al Este el Paraguay, el Brasil, el Estado Oriental y el Océano”.
La Patagonia es así incorporada al territorio nacional, aunque todavía faltarían varios años
para su ocupación efectiva con la campaña de Roca.
En el capítulo sobre la Argentina, el “Territorio del Gran Chaco” es la lección XLII, el
“Territorio indio del Sud” la XLIII y el “Territorio de Patagonia y Magallanes” es el XLIV.
Ante la pregunta: “¿Han establecido las naciones europeas algunas colonias allí” contesta:
“No; pues la rigidez del invierno las ha retraído de semejante empresa” y cuando interroga “¿Qué
pueblo ha establecido allí el gobierno de Buenos-Aires”, responde: “Patagones, distante 230 leguas
de la ciudad de Buenos-Aires”.
Es clara la intención de demostrar que el territorio está ocupado por la Argentina y no por
ninguna potencia europea.
En lo que hace a los habitantes mantiene la misma concepción negativa sobre los
Patagones, de quienes dice que son los indios “mas brutos, indolentes y desaseados que hay en
toda la América. No tienen ni aun chozas donde refugiarse durante los rigores del invierno, y es la
raza de hombres mas altos que se conocen, encontrándose algunos de 7 piés de altura”.
Respecto de la cantidad de indios que habitan la Patagonia, dice que “Algunos creen que no
bajan de 40.000, y por su alta estatura tienen el nombre de gigantes”.
Aunque entre las fronteras de la Argentina, pone al Estrecho de Magallanes como límite sur,
la última pregunta de la lección dedicada a los territorios argentinos la incluye al preguntar: “¿Qué
tiene de notable el Archipiélago de Magallanes? respondiendo: “El Archipiélago de Magallanes o

Tierra del Fuego separado de la Patagonia por el Estrecho de Magallanes encierra muchos
volcanes en actividad y otros apagados”.
Es así como durante la presidencia de Sarmiento, en la enseñanza escolar, se comienza a
incluir a la Patagonia como territorio argentino, lo que hasta entonces no se había hecho. Dada la
importancia que el sanjuanino otorgaba a la educación, este cambio refleja sin lugar a dudas su
impronta.
En el capítulo correspondiente a Chile, al definir sus límites, la Patagonia deja de ser su
frontera sur y los define así: “Al N. el desierto de Atacama que la separa de Bolivia; al E. la
cordillera de los Andes; al S. Magallanes y al O. el Océano Pacífico”. Se confirma así que la
Patagonia ha pasado a ser un territorio argentino y no otro país aparte.
El mismo año, el manual Elementos de Geografía Física obra destinada a la enseñanza del
ramo en el instituto nacional, i aprobada por la universidad escrito nada menos que por Diego
Barros Arana, en su segunda edición revisada y completada, editada por “Librería Central de
Raymond I. Servat” de la calle de Huérfanos i Bandera de Santiago, sostiene que “Chile es
formado por una angosta faja de territorio accidentado i montañoso que se extiende de norte a sur,
al occidente de la gran cordillera de los Andes”. Respecto de la Patagonia dice que es un “país casi
desconocido, cuya posesión pretenden a la vez Chile i la República Argentina. Ese país es
formado por la prolongación de las pampas americanas, con las cuales tiene muchas analogías”.
Lo define en consecuencia como un territorio en discusión entre Chile y la Argentina, aunque
al precisar el límite Este del primero lo ubica claramente en la cordillera de los Andes.
Paradójicamente, al año siguiente, el Compendio de Geografía Moderna arreglado para el
uso de la Juventud Argentina de Benjamín A. Dávalos, editado ya en la Presidencia de Avellanada
en 1875, por la Imprenta Minerva, de la calle Belgrano 48, vuelve a poner la Patagonia fuera del
territorio argentino. En el capítulo que le dedica como país independiente, no utiliza la metodología
del catecismo y dice que: “Se la dá el nombre de Patagonia, ó tierra Magallánica, á todo el país
que se estiende al S. de las Repúblicas Argentina y Chilena, y á las que naturalmente pertenece,
comprendiendo la Tierra del Fuego, que es un grupo de islas separadas del continente por varios
estrechos sinuosos de los que el principal es el Estrecho de Magallanes”.
La situación es confusa. Por un lado es un límite del país, pero por otro le pertenece, aunque
sostiene que pertenece a Argentina y Chile por igual. En el capítulo dedicado a Chile, ubica a la
Patagonia como límite sur.

III. LA ACCIÓN DIPLOMÁTICA RESPECTO DE LA PATAGONIA

No fue un gobierno fácil el de Sarmiento. Durante el mismo tuvo lugar el final de la Guerra de
la Triple Alianza, las sublevaciones de López Jordán y la revolución mitrista en los finales del
período, además del problema del indio que presionaba sobre la frontera sur. Pese a ello,
Sarmiento se ocupa de la Patagonia y de los derechos argentinos sobre la misma.
En 1869, siendo ministro de Relaciones Exteriores Mariano Varela, Sarmiento daba cuenta
de la designación como ministro en Chile de Félix Frías, en calidad de representante diplomático
argentino en Santiago. Había elegido a una personalidad destacada, demostrando así la
importancia que otorgaba a esta representación.
Joven auxiliar del Ministerio de Relaciones Exteriores de Buenos Aires en la época de
Rosas, parte al destierro en 1839 a Montevideo por sus ideas liberales. Luego acompaña a Lavalle
en su campaña y se exilia en Bolivia tras la derrota de las fuerzas antirrosistas. El gobierno de este
país lo nombra cónsul en Valparaíso, circunstancia en la cual conoce a Sarmiento, quien valoró
rápidamente la inteligencia de Frías. Allí comienza a escribir en el diario El Mercurio y en 1848
parte para Europa desde donde continúa sus colaboraciones con el periódico chileno durante los
siete años siguientes. Regresa al país en 1855, publicando numerosos trabajos y actuando tanto
en el periodismo como en la política y convirtiéndose en uno de los voceros más conspicuos del
pensamiento católico en términos sociales.
A lo largo de los cinco años que Frías permanece como ministro en Santiago de Chile,
acumula todos los antecedentes para argumentar a favor de los derechos argentinos en la
Patagonia y el Estrecho de Magallanes, siguiendo en ello precisas instrucciones de Sarmiento. Con
estos antecedentes Avellaneda, al asumir la presidencia, designa a Frías como ministro de
Relaciones Exteriores.
Durante su gestión como ministro en Santiago se firma en esta ciudad, el 9 de julio de 1869,
el Convenio Postal entre los dos países aprobado por la ley 328. Poco después se firma otro para
la extradición de delincuentes, aprobado por la ley 330 y el 20 de mayo de 1870 un tercero sobre
canje de publicaciones científicas y literarias, puesto en vigencia por un decreto del 20 de agosto
del mismo año.
Terminada la guerra de la Triple Alianza y siendo designado Carlos Tejedor como canciller,
la cuestión de límites con Chile adquiere relevancia.

Desde el comienzo de la gestión diplomática de Frías se enfrasca en abiertas discusiones
con Adolfo Ibáñez y Gutiérrez, quien sería ministro de Relaciones Exteriores de Chile desde fines
de 1871. Este tenía una posición totalmente contraria a la opción de renunciar a la Patagonia, que
era una de las banderas de los llamados “americanistas” -en los hechos nacionalistas- chilenos. En
su opinión, la Patagonia constituía un interés vital para Chile y sostenía que si bien en su conjunto
era semidesértica, la región resultaba apropiada para la cría de ovejas y decía que los valles del
este cordillerano eran aptos para el ganado vacuno y la siembra.
Ibáñez y Gutiérrez decía que: “Renunciando a estos potreros nos constituimos en eternos
tributarios de la República Argentina, que será exclusiva en suministrarnos el ganado. Y el medio
para que la cuestión no se dilate indefinidamente, no es otro, a mi juicio, que el de sostener el
límite norte en el Atlántico hasta el río Santa Cruz y sostener la posesión y la jurisdicción que
desde tiempo inmemorial ejercemos del otro lado de los Andes, especialmente a la altura de Talca
y Chillán…”
Inmediatamente después de asumir el cargo, mediante nota del 7 de febrero de 1872 dirigida
a Frías, lo invita a tratar los derechos de ambos países para llegar a una solución. Proponía que,
mientras se llegaba a un acuerdo o a un arbitraje, se estableciera un modus vivendi, en función del
cual Chile se ocuparía del territorio en litigio desde Puerto Deseado al sur y la Argentina del que
quedaba al norte.
A fines de mayo de ese año, Frías contesta mediante una nota en función de la cual
eliminaba la Patagonia del tratado de arbitraje que había sido firmado entre los dos países en
1856.
Frente a ello, el canciller chileno escribe una carta personal a Sarmiento, sondeando su
voluntad respecto de un acuerdo para que Chile compensara con dinero la renuncia de la
Argentina al Estrecho de Magallanes y la Patagonia.
El Presidente argentino contesta también mediante una carta personal del 19 de junio, en la
que sólo reconoce como posible un arreglo mediante el cual únicamente se dejara a la colonia que
Chile había instalado sobre el Estrecho de Magallanes bajo jurisdicción chilena.
El 26 de agosto, una nota del canciller Carlos Tejedor al gobierno chileno niega
categóricamente la inclusión de la Patagonia en el tratado de arbitraje de 1856, diciendo: “El
territorio de la Patagonia no podía entrar, como no entra en ese arreglo desde que sobre él nunca
se había manifestado aspiración oficial por parte del gobierno de Chile ni había en él la más
pequeña población chilena que pusiera en duda los derechos argentinos.”

Frías en Santiago presenta una nota el 1 de octubre de 1872 reclamando toda la Patagonia
y la parte Este del estrecho, mientras deja a Chile la sección occidental del estrecho que incluía
Punta Arenas.
A su vez el canciller chileno, el 29 de octubre contra propone ofreciendo como límite el
paralelo 45 de latitud Sur, desde el Atlántico hasta la cordillera, de acuerdo a lo cual Chile tendría
la parte sur de la Patagonia hasta el cabo de Hornos y Argentina la parte norte.
Nuestro país rechaza esta propuesta y en marzo de 1873 el canciller chileno informaba al
representante argentino que su gobierno creía tener derecho sobre toda la Patagonia. Un mes
después, una nueva nota de este funcionario expresaba que de no darse curso a su propuesta se
procedería a designar árbitros para solucionar el litigio. Esta comunicación no tuvo respuesta de
Frías.
El análisis de los mensajes presidenciales que Sarmiento dirigió al Congreso en forma anual
durante los seis años de su mandato, constatan que la relación con Chile, en función del problema
de la Patagonia, ocupó un rol importante.
Es así como Sarmiento en su mensaje al Congreso de 1873 decía: “Con el gobierno de Chile
está pendiente una discusión relativa al Estrecho de Magallanes; y un incidente reciente que podía
haber sacado la cuestión de su restringido terreno, fue apartado amigablemente desde que se hizo
presente este carácter”. Se refería concretamente a los actos posesorios que Chile había
producido en el sur del país y que habían llevado a la Argentina a enviar los precarios buques de la
escuadra para defender los derechos argentinos.
Luego agregaba que: “Cualquiera que sea la gravedad que quiera darse a ese asunto, el
gobierno de Chile y el argentino habían, en previsión de estas eventualidades, establecido un
tratado, que las cuestiones de límites serían sometidas a arbitraje, si los medios diplomáticos no
alcanzaban a terminar las diferencias. Para que sea completo el honor que a ambos países
corresponde por haber establecido como obligatorio este honroso sistema, que por convenio mutuo
han puesto en práctica, diez años después, dos de las más poderosas naciones de la tierra, con
aplauso de todos los amigos de la humanidad; preciso es que los pueblos y la opinión contribuyan
a hacer práctico y efectivo, lo que no pasaría de ser una noble aspiración, entre tantas otras que la
generosidad de los sentimientos inspira.”
El gobierno chileno cree que entre Ibáñez y Frías no es posible llegar a un acuerdo y el 20
de abril de 1874 el representante diplomático chileno en Buenos Aires, Guillermo Blest Gana, dirige
una nota a la cancillería argentina proponiendo la convocatoria del arbitraje.

Es en el mensaje presentado al Congreso en 1874, donde profundiza Sarmiento la política
de defensa de los derechos argentinos en el sur y la búsqueda de la solución pacífica.
Informa a los legisladores que: “Con Chile tenemos en discusión puntos interesantes sobre
límites, y últimamente creyendo aquel gobierno bastante ilustradas las pretensiones de ambas
partes, ha propuesto someterlas al arbitraje que por tratados anteriores debe dirimir estas
controversias. No siendo un mensaje documento para afirmar derechos, me limito a deciros que
aquel Gobierno no ha salido en la gestión de los negocios, de los términos aceptables, y que
nuestro Ministro ha merecido siempre la aprobación que su gobierno debe a su templanza,
inteligencia y recto proceder.”
Se trata de una expresión de firmeza respecto a los derechos argentinos.
Más adelante ratifica la vocación pacífica para la resolución de los conflictos limítrofes al
afirmar: “Ninguna cuestión con el Brasil puede llevarnos a la guerra, y con Chile nos liga el honroso
empeño de ahorrarnos recíprocamente dinero, sangre y tiempo perdidos, no fiando en las olas y a
los vientos del mar, o a la impericia de un general, dirimir cuestiones que resolvería un juez de paz
bien intencionado”.
Vuelve sobre este principio al decir que “Nuestros tratados con Chile y Bolivia están basados
en ese gran principio. En ellos se establece que las cuestiones pendientes no nos llevarían nunca
a la guerra”.
El canciller Tejedor acepta, en un contexto en el cual el gobierno contempla la conveniencia
de evitar una guerra con Chile en momentos que el país comenzaba a recuperarse
económicamente después de la guerra de la Triple Alianza y cuando empezaban a incrementarse
las exportaciones hacia Europa. A esto se sumaba el temor a una eventual alianza entre Chile y
Brasil -con este país habían surgido problemas al finalizar la guerra de la Triple Alianza- y el hecho
de que en ese momento la superioridad naval chilena era contundente. Además la Argentina tenía
pendiente un conflicto limítrofe con Bolivia.

IV. LA PRESENCIA ESTATAL EN EL TERRITORIO

Es durante la presidencia de Sarmiento que tienen lugar los viajes y exploraciones al sur del
marino Luis Piedrabuena, quien en 1870 reconoce todos los puntos del estrecho, llegando a la
localidad chilena de Punta Arenas, donde había establecido un almacén naval que le servía de
base y pretexto para su presencia en la zona.
Ese mismo año, el gobierno argentino otorga una concesión de tierra al ciudadano francés
Ernest Rouquaud, que establece una fábrica de aceite de pescado en una cañada conocida como
“Los Misioneros”, ubicada en la provincia de Santa Cruz.
Las continuas interferencias del gobernador chileno de Punta Arenas, Oscar Viel, a las
actividades de Rouquaud, lo llevan a pedir el apoyo del gobierno argentino, que sólo puede enviar
un buque pequeño y anticuado, el “Chubut”. El emprendimiento fracasa y la tripulación del buque
argentino se hace cargo de las instalaciones y explora el río Santa Cruz, llegando hasta las
nacientes del Lago Argentino el 26 de noviembre de 1873.
Un pequeño asentamiento argentino permanece activo en la isla Pavón en el río Santa Cruz,
al mando del mencionado marino Luis Piedrabuena. El gobernador chileno intenta perturbar el
asentamiento como lo había hecho con Rouquaud, pero no lo logra.
Tiempo antes, en junio de 1871, el gobernador Viel, después de haber requerido a varios
marinos extranjeros colaboración para practicar un reconocimiento en la isla de Tierra del Fuego y
recoger los restos del capitán y tripulantes del bergantín inglés “Tresponts” muertos por los
indígenas en esas costas, solicita ayuda a Piedrabuena. Este, en un arriesgado viaje encuentra los
restos buscados y a su regreso renuncia a la recompensa económica que le otorga el gobierno de
Punta Arenas.
En un viaje que inicia en febrero de 1873 naufraga su buque el “Espora” y con los restos
construye otro que llama “Luisito” que era el nombre de su hijo mayor.
Ese año Piedrabuena se instala en la isla de los Estados, donde intenta poner en marcha
una empresa para la pesca de lobos y la fabricación del aceite del llamado “pájaro niño”.
Mientras tanto se realiza un intento de ocupar militarmente el puerto de Santa Cruz, luego
abandonado ante la protesta chilena de abril de 1873.
En junio de ese año, el Presidente eleva al Congreso un proyecto de ley a fin de fijar los
límites de los territorios argentinos. Se establecen once territorios y se hacen las previsiones para
explorar y colonizar la zona.

El artículo 1 sección 7, establecía los límites del territorio de la Patagonia, el cual incluía toda
la región entre los ríos Negro y Chubut y en el Oeste hasta la línea divisoria de aguas en la
Cordillera de los Andes, siendo el límite Este el océano Atlántico. El mismo artículo, en la sección
8, disponía que los límites del territorio del estrecho de Magallanes comprendía toda el área entre
el Río Santa Cruz y las aguas del Estrecho de Magallanes, incluyendo la Tierra del Fuego e islas
adyacentes hacia el Sur. En el Oeste, el límite estaba constituido por la línea divisoria de aguas de
los Andes patagónicos y en el Este la costa atlántica marcaba el fin de la soberanía argentina.
Chile protesta enérgicamente frente a este proyecto de ley y el gobierno argentino desiste de
aprobarlo.
Piedrabuena, a solicitud de Frías, le envía todos los antecedentes que ha reunido en ese
momento a favor de los derechos argentinos en la zona austral.
Queda claro en consecuencia que durante la presidencia de Sarmiento se impulsa la política
de ocupación y colonización de la región patagónica, asumiéndola como territorio argentino.

V. REFLEXIÓN

Sarmiento es el primer presidente argentino que se ocupa efectivamente de los derechos
argentinos sobre la Patagonia. Durante su mandato, la Argentina asume la defensa de los mismos
a través de una vigorosa acción diplomática. Para ello se reúnen los antecedentes y argumentos
favorables a los derechos argentinos; también se presenta al Congreso el primer proyecto de ley
organizando los territorios nacionales, en el que se incluye a la Patagonia como parte de dos de
ellos. Asimismo, se realizan actos posesorios con la presencia de buques y marinos argentinos,
con el otorgamiento de concesiones de explotación económica, la exploración de territorios y la
instalación de asentamientos en los territorios australes. Pero además, comienza a enseñarse en
los manuales escolares que la Patagonia es parte de la argentina, ya que hasta entonces se la
consideraba como un país aparte, sin incluirla dentro de nuestro territorio.

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