Francisco M. Goyogana
Abril de 2014

Un hombre de pensamiento como Domingo F. Sarmiento no podía sustraerse a la cultura de su pertenencia, al menos durante una etapa primaria de su existencia, como tampoco lo hubiera podido hacer como un mero individuo ajeno a las preocupaciones de orden intelectual. Resulta imposible escindir, por otra parte, la condición subjetiva del individuo respecto de la memoria acumulada a lo largo de toda una existencia. La memoria adquiere consistencia con el ejercicio de recordar y olvidar, al optar por el recuerdo ajustado a la personalidad de cada individuo en su propio proceso histórico personal, para conformar un inventario de recuerdos elegidos, modelados y almacenados. Ese mecanismo removedor de la memoria es el testimonio de la historia personal que se trasvasa e influye en la historia cultural, para enhebrar al hombre en la sociedad.

Existe un Sarmiento primordial que recorre su propia memoria y se manifiesta al proyectarse en la construcción de la República. Tanto su memoria particular, como las experiencias de vida en general lo muestran con su visión ensanchada del mundo a través de viajes prolongados y las lecturas incesantes, sumadas a un don de observación profundo que le permitió ir al núcleo de las cosas, para permitirle fijar en el terreno de lo esencial, ideas claras y precisas. Sarmiento tenía un cabal conocimiento universal que le servía para saber que la acción necesita previamente de una idea, y que la idea necesita a su vez de la filosofía. No se trata de probar que Sarmiento ha sido, en el sentido más estricto, un filósofo ajustado a la precisión y exactitud de una definición específica del pensador. Si algo parece fuera de discusión, es precisamente su calidad de pensador, y como tal, una persona estudiosa de la naturaleza, interesada desde el punto de vista filosófico en las estructuras de las instituciones y en los mecanismos evolutivos. La compleja malla del pensamiento filosófico suele deslumbrar con adhesiones a corrientes de pensamiento privativo, más de acuerdo con un sentimiento particular, que con una tarea de desbrozar racionalmente los diversos conceptos que alcanza el hacer filosófico. Pretender ubicar a Sarmiento en posiciones determinadas puede seguramente incurrir a error de quienes consideren su participación acorde a posiciones concluyentes, más aún si se considera que las diferentes etapas del desarrollo de la filosofía abarcan y perduran en prolongados espacios temporales, tejidas ocasionalmente en apretadas mallas.

La disciplina filosófica que estudia los conceptos más generales como los del ser, el devenir, la mente, el conocimiento y la norma, lo mismo que con las hipótesis más generales tales como la existencia autónoma y la cognoscibilidad del mundo externo, abarcan dimensiones de la inteligencia muchas veces carentes de fronteras específicas. Sarmiento filósofo debe ser entendido en un sentido amplio, como una persona que se pregunta sobre problemas filosóficos o que sostiene concepciones filosóficas. La verdad filosófica resume toda una serie de significados de conceptos mutuamente irreductibles, que no son definibles entre sí.

La filosofía no admite la rigidez doctrinaria, pues la realidad se muestra siempre más sutil y compleja que las teorías que pretenden exhibirla, y que las ideas que no son capaces de adaptarse a la realidad terminan siempre por conseguir resultados opuestos a los que se persiguen. Con respecto al conocimiento de la verdad, según el platonismo, todas las proposiciones son verdaderas o falsas tanto si se las conoce como si no, e incluso si alguien las ha pensado o no. Ésta no es una concepción realista. Según el realismo, la verdad y la falsedad no son propiedades intrínsecas de las proposiciones factuales, sino atributos que les son asignados confiando en las pruebas. Por consiguiente, las proposiciones factuales no son verdaderas o falsas aunque no se las conozca. Así, una proposición no contrastada tiene el mismo status de verdad que una proposición indecidible, proposición que no puede probarse ni refutarse en una teoría matemática, en el sentido de la decisión: no es verdadera ni falsa. Para el caso de Sarmiento, su intelectualidad poliédrica abarcaba los más diversos aspectos del pensamiento y del conocimiento, ya que ha demostrado haber tenido en el campo de su conciencia el estudio de los valores fundamentales de la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, la belleza, la mente y el lenguaje, con énfasis en los argumentos racionales y en la ciencia experimental alejada de los métodos a priori, pa comprender todo aquel universo con el que interactuaba.

Por aquello de que quien no cambia en la vida está fuera de ella, para determinar la posición filosófica de Sarmiento se deben considerar sus contactos intelectuales con la filosofía clásica; con la filosofía escolástica española; con la filosofía moderna principalmente escocesa, inglesa y francesa; con el romanticismo y el positivismo, ambas con su parte germánica agregada, y algunas otras posturas temporales intermedias. Sarmiento, impregnado como todos sus contemporáneos ilustrados y la tradición de Mayo en las ideas rouseaunianas, concibe un futuro para la humanidad de la patria po medio de una propuesta de organización, inspirada además en el pensamiento del saint-simonismo, que con la evolución se recostaría primeramente en un prepositivismo, y luego, definitivamente, en la culminación del positivismo de la Generación del 80. Ya alejado de las influencias de la escolástica sostenida por el clero en general y por sus parientes dominicos con la excepción del presbítero José de Oro, maestro y mentor del prócer.

El análisis de los aspectos filosóficos de Sarmiento debe ser abordado como un objetivo contribuyente al conocimiento, todavía oscuro, del trasfondo de su espíritu. Más aún cuando se trata de un personaje inaccesible para una revisión simple. Se tropieza desde el inicio con un ser de inmensa complejidad. La observación total de Domingo F. Sarmiento sobrepasa con mucho su apreciación parcelada, que debe ser estimada atendiendo a los extraordinarios valores personales que encarnó, así como también a la significación filosófica que encierra su obra escrita, plena de citas de los grandes pensadores de la humanidad. Una obra de próxima aparición relevará el perfil de Sarmiento Filósofo como contribución para un mejor conocimiento del quizá más encumbrado pensador de la historia argentina, todavía un desconocido, que con su austera voluntad de verdad, por el saber y rigor crítico con que encaraba los problemas a enfrentar, y sobre todo por su capacidad para ir al fondo de las cosas y relacionar cualquier tema con las cuestiones últimas.

De la misma manera que la fronda de un árbol no alcanza el cielo, ni sus raíces el infierno, la inteligencia de Sarmiento ocupó una equidistancia entre ambos límites para el desarrollo de su inconmensurable talento. Sus coordenadas eran el liberalismo, la filosofía que prioriza la libertad, y la democracia que preconiza la igualdad, ambos elementos posibles de la realidad, procedentes de una fuente común: la Ilustración, espíritu de la Enciclopedia.

Por esto. Sarmiento provocó la creación de una escuela de libertad en la elaboración del raciocinio y a tal fin concurrían todos sus esfuerzos, difundiendo con gran perseverancia de acción y valentía, sin desmayos, la necesidad de desembarazar el espíritu de los cercos imaginarios que confinaban el angosto recinto de los preconceptos y errores heredados, mantenidos a través de los tiempos y de los hombres, al amparo de la inercia de la razón, y que huyen y se desvanecen al menor esfuerzo de la visión espiritual educada.
Predicador de la modernidad, la tarea desplegada por Sarmiento fue la de un filósofo activo con las aplicaciones de su pensamiento, así como un filósofo reflexivo en sus meditaciones.