En 1850 en “Recuerdos de provincia” Sarmiento incluye el CUADRO GENEALÓGICO DE UNA FAMILIA DE SAN JUAN DE LA FRONTERA, EN LA REPÚBLICA ARGENTINA, donde menciona a:

JOSÉ CLEMENTE SARMIENTO. Capitán de milicias, hallóse en Chacabuco.
PROCESA SARMIENTO. Artista, discípula de Monvoisin.
BIENVENIDA SARMIENTO. Directora de varios colegios de señoras.
PAULA Y ROSARIO SARMIENTO. Obreras en bordados, tejidos, etc.

Pero en mayo de 1889, en San Juan, Bienvenida escribe el libro “Rasgos de la vida de Domingo F. Sarmiento, por su hermana” (reproducido en este particular por José S. Campobassi en “Sarmiento y su época”, I, Editorial Losada, S. A., Buenos Aires, 1975), en que aporta la siguiente nómina de los hijos de José Clemente Sarmiento y Paula Albarracín por orden de nacimiento: Francisca Paula (1-4-1803), Vicenta Bienvenida de Jesús (30-10-1804), Manuel Fernando de Jesús (1-6-1806), Honorio María (20-11-1808), (Domingo) Faustino Valentín (15-2-1811), María del Rosario (12-10-1812) y Procesa del Carmen (22-8-1818).

Bienvenida además nombra a otros seis hermanos, sin suministrar la fecha de su nacimiento: Juan Crisóstomo, Petrona, Antonino, Jesús, Cleofé y Toribia. En “Guión sarmientino”, Belisario Fernández y Eduardo H. Castagnino hablan de otra niña llamada Josefina, que habría muerto a poco de nacer, lo mismo que otro vástago del que se ignora hasta el nombre y completaría el número de quince que se estima tuvieron los padres del Civilizador.

De ellos sólo cinco alcanzaron la edad adulta: Domingo Faustino y cuatro hermanas que lo sobrevivieron. A continuación sus nombres y la fecha de su fallecimiento: Francisca Paula (14-3-1899), Vicenta Bienvenida de Jesús (21-3-1900), María del Rosario (28-9-1902) y Procesa del Carmen (15-9-1899).

José Clemente Cecilio de Quiroga Sarmiento y Funes, el padre del prócer, nació en la ciudad de San Juan el 23 de noviembre de 1778. Delgado y bien parecido en su juventud, se formó en las rudas tareas rurales de su tiempo, para optar finalmente por ser arriero, oficio que le permitió viajar con libertad a Mendoza, Buenos Aires, Tucumán y Chile.

En 1847 acompañó a San Martín en el cruce de los Andes como oficial de milicias, y desde el campo de batalla de Chacabuco fue despachado a San Juan para llevar la noticia del triunfo, y a los cuatrocientos realistas y las banderas capturados en el combate. Dice Sarmiento en “Recuerdos de provincia” –“La historia de mi madre”- refiriéndose a su progenitor: “San Martín lo recordaba muy particularmente en 1847, y holgóse de saber que era yo su hijo”.

Procesa del Carmen Sarmiento es considerada cronológicamente la primera pintora argentina. Fue alumna de los artistas plásticos franceses Raymond Monvoisin, quien fuera invitado por el gobierno chileno a dirigir la Academia de Pintura, y Amadeo Gras, descollantes ambos en el retrato, especialidad en la que también se destacó Procesa. Esta hermana de Sarmiento desempeñó además la docencia artística. En 1850 se casó con el ingeniero galo Benjamín Lenoir, con el que tuvo dos hijas. En su homenaje, el período comprendido entre agosto de 2007 y agosto de 2008, fue declarado por la Legislatura de la Provincia de San Juan “Año de Procesa Sarmiento de Lenoir”, y el 22 de agosto –natalicio de la pintora- de cada año, “Día del Artista Plástico Sanjuanino”.

Solamente la primaria, como lo narra en “Recuerdos de provincia” –“Mi educación”-. Ingresó en la Escuela de la Patria ni bien inaugurada, a cargo de “unos sujetos dignos por su instrucción y moralidad de ser maestros en Prusia”; era su director Ignacio Fermín Rodríguez. Sarmiento fue así uno de los “cuatrocientos niños de todas edades y condiciones, que acudían presurosos a recibir la única instrucción sólida que se ha dado entre nosotros en escuelas primarias”. En ese establecimiento permaneció nueve años, como se sabe sin faltar nunca a clase “bajo pretexto ninguno”, pues “mi madre estaba ahí para cuidar, con inapelable seguridad de que cumpliese con mi deber de asistencia”.

Concluido este primer nivel educativo el Sanjuanino se dirigió al Seminario de Loreto en Córdoba, pero allí se enfermó y debió regresar a su provincia.

Por último debemos referirnos a la decisión de Bernardino Rivadavia de convocar a seis jóvenes talentosos y de familia decente de cada provincia, para ser educados a cargo de la nación en el Colegio de Ciencias Morales, los que deberían luego volver a sus lugares de origen a ejercer lo aprendido. Domingo Faustino Sarmiento encabezaba la lista de los seis sanjuaninos. Pero la demanda de estas becas fue muy grande, integrada incluso por hijos de familias ricas –no los Sarmiento- que podían costear sus estudios sin ayuda oficial, y debió procederse a un sorteo que no favoreció al futuro Maestro de América. Él nos dice: “como la fortuna no era el patrono de mi familia, no me tocó ser uno de los seis agraciados. ¡Qué día de tristeza para mis padres aquel en que nos dieron la fatal noticia del escrutinio! Mi madre lloraba en silencio, mi padre tenía la cabeza sepultada entre sus manos”.

En coincidencia, en “Mi defensa” –“Mi infancia”- expresa que “una rara fatalidad ha pesado siempre sobre mí, que parecía cerrarme las puertas de los colegios”.

De ninguna manera. Un recorrido por los apartados 6A y 6B de estas páginas permitirá comprobar la preocupación de Sarmiento por el nivel secundario de la educación, lo mismo que el 6D, donde además se plasma el énfasis sarmientino aplicado a la educación universitaria y de rango académico.

En la Asamblea Mundial de Educación celebrada en la ciudad de México en septiembre de 1964. La propuesta emanó del Dr. Raúl Cordero Amador, aprobada por unanimidad y aclamación por los delegados puestos de pie.

Posteriormente, la Academia Mexicana de la Educación confeccionó una placa de bronce con esta Declaración de México, y comisionó a cinco de sus miembros para trasladarla a la Casa Natal del prócer, donde se emplazó en uno de los muros de piedra que circundan el patio de los homenajes.

Dice: “DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO/´MAESTRO UNIVERSAL DE LA EDUCACION DEL PUEBLO´/EN CUMPLIMIENTO DEL ACUERDO DE LA/ASAMBLEA MUNDIAL DE LA EDUCACIÓN/MEXIC0, SEPTIEMBRE DE 1964/ACADEMIA MEXICANA DE LA EDUCACION

Sin duda el más importante fue el encuentro personal en Francia, el 24 de mayo de 1846. Expresa Sarmiento en su libro “Viajes”: “He pasado con él momentos sublimes que quedarán para siempre grabados en mi espíritu. Solos un día entero… la reducida habitación en que estábamos se había dilatado, convirtiéndose en país, en nación…”.

Interesa especialmente el que en la oportunidad el Libertador haya hecho el relato de la Entrevista de Guayaquil al Gran Sanjuanino, que luego éste volcó en su Discurso de recepción al Instituto Histórico de Francia titulado “San Martín y Bolívar”. San Martín asistió a la disertación y la convalidó con su silencio, por lo que la versión que aporta Sarmiento sobre el crucial encuentro ha de tenerse por particularmente verídica, entre tantas que circulan.

El 28 de mayo de 1880, cuando las cenizas del Padre de la Patria llegaron a Buenos Aires, Domingo Faustino Sarmiento manifestó en su discurso: “Sabed, señores, que fui el primer confidente a quien comunicó San Martín en 1846, lo ocurrido en la memorable entrevista de Guayaquil. La simplicidad del relato abona su exactitud…”

En otro orden de cosas, el primer artículo de Sarmiento en la prensa chilena se refiere a la batalla de Chacabuco, al que le siguieron otros acerca de la epopeya independentista, que fundaron en el país transandino el culto a José de San Martín. Señala Sarmiento en “La victoria de Chacabuco”: “Cuando el Congreso entró en sesiones, fue restablecido don José de San Martín, Capitán General en la lista militar de Chile; buscando la gratitud nacional expresión ostensible y obrando más tarde el sentimiento público, su estatua ecuestre en bronce se alzó en la Cañada de Santiago…”.

Por último reproducimos de la “Biografía del general San Martín” sarmientina, la semblanza que contiene del Libertador: “Era alta la talla de San Martín y marcial en extremo su talante, y tan a prueba de fatiga su naturaleza, que para todos los climas y estaciones, para la noche en las crestas nevadas de los Andes y para el día en los tórridos arenales del Perú, tenía el mismo uniforme, severa y minuciosamente prendido, y exento de todo adorno o aditamento que saliese del rigor del equipo del soldado. Bajo esta cubierta férrea abrigábase un alma elevada, un espíritu ardiente… A estas raras cualidades…añadía San Martín el arte difícil de administrar, inventando recursos y empleándolos con exquisita parsimonia, a fin de hacerlos producir mayores resultados./Sabía inspirar al soldado el arrojo hasta la temeridad, y la constelación de jefes y oficiales que lo acompañó a Chile tuvo largos años fatigada a la fama pregonando por toda América las hazañas caballerescas de verdaderos paladines”.

Absolutamente no. Si apoyó la fundación por Chile de una estación para el faenado de ballenas y lobos marinos en el estrecho de Magallanes, fue porque la ocupación de la desprotegida y desolada zona por una nación sudamericana podía evitar el establecimiento definitivo allí de potencias europeas; en efecto, Francia ya se había instalado en el estrecho, y gracias a la acción chilena debió retirarse.

Posteriormente el presidente Sarmiento, el 19 de junio de 1872, respondió al ministro de Relaciones Exteriores transandino Adolfo Ibáñez en los términos que continúan: “Las actas de fundación de las ciudades chilenas, marcándoles jusrisdicción hasta las sierras nevadas –es decir, la cordillera de los Andes- (tales como los fundadores las veían desde el punto y momento de su fundación); las declaraciones de ambos O´Higgins en actas públicas, sin intención de crear o cuestionar títulos la Constitución y el reconocimiento de la independencia, como el asentimiento universal, dan a Chile hacia el este un límite claro, discernible al ojo, inamovible… obra de Dios y de la historia. Chile está, pues, limitado al este por la cordillera central nevada de los Andes. Así lo reconocieron nuestros padres, así lo conservarán nuestros hijos”.

Sí, indudablemente. Corresponde reproducir aquí un trozo de la misiva de Sarmiento a José Manuel Balmaceda –luego presidente de la hermana república-, fechada el 15 de febrero de 1881: “La política que debe seguir Chile… es negarse –ella misma- la entrada en el Atlántico y tener el coraje de no tener razón en Magallanes ni en la Patagonia… Chile…debe evitar el contacto con nosotros de este lado de Magallanes y alejar la posibilidad de futuros frotamientos. Sea Chile del Pacífico; el Atlántico le está vedado”.

Que el archipiélago es argentino.

En “Conflicto y armonías de las razas en América” se remonta al virreinato del Río de la Plata, que englobaba, entre otros, los siguientes territorios: “la Patagonia, Tierra del Fuego e islas del Sur, incluyendo las Malvinas…”.

En “Derecho de ciudadanía en el Estado de Buenos Aires” Sarmiento sostiene: “los nacidos en las Malvinas, ocupadas por la Inglaterra hoy, son nacidos en el territorio de Buenos Aires, y lo son aun los que nacen bajo la dominación inglesa, si reivindican su derecho de nacimiento, mientras no desista el Estado de Buenos Aires de sus pretensiones a la soberanía de aquellas islas”.

En “Los emigrados”, a propósito de Valentín Alsina registra “su escrito defendiendo el derecho que asiste al gobierno argentino sobre las islas Malvinas ocupadas por los ingleses”.

En “La contienda en 1842” denuncia la protección que brinda Inglaterra al régimen del Restaurador. Se interroga: “¿Será acaso porque Rosas les ha dejado ocupar pacíficamente las Malvinas?”

Por carta del 6 de abril de 1866 desde Nueva York al ministro de Relaciones Exteriores argentino, Sarmiento se refiere al “cónsul norteamericano que le negó autoridad (a la República Argentina) disputándole sus títulos a la posesión del territorio, e hizo atropellar y destruir deliberadamente por el comandante de la ´Lexington¨ la colonia argentina de Malvinas”.

Abordaremos finalmente el apoyo del Sanjuanino al argumento de la unidad geográfica entre el archipiélago y el resto del territorio argentino, que fortalece nuestros derechos sobre aquél, en misiva también desde Nueva York del 22 de diciembre de 1866 al ministro del Interior de la Argentina: “El descubrimiento hecho por los ingleses de carbón de piedra en las islas Malvinas, hace suponer que lo haya en el continente, dando por sentado que aquel grupo de islas pertenece a la misma formación geológica”.

Le dio varios nombres, existentes todos en su libro “Argirópolis”: Estados Confederados del Río de la Plata, Estados Unidos del Río de la Plata y Estados Unidos de la América del Sur. Se trata de la federación de Argentina, Uruguay y Paraguay, con capital en la isla Martín García.

El título de su obra es “Argirópolis o la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata”, y el largo y explicativo subtítulo: “Solución de las dificultades que embarazan la pacificación permanente del Río de la Plata, por medio de la convocación de un congreso, y la creación de una capital en la Isla de Martín García, de cuya posesión (hoy en poder de la Francia) dependen la libre navegación de los ríos y la independencia, desarrollo y libertad del Paraguay, el Uruguay y las Provincias Argentinas del Litoral”.

Elige Sarmiento a la mencionada ínsula por su neutralidad y equidistancia con relación al resto del territorio involucrado en el proyecto. Martín García se sitúa “en la confluencia de los grandes ríos, y cuya posesión interesa igualmente a Buenos Aires, a Montevideo, al Paraguay, a Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, cuyo comercio está subordinado al tránsito bajo las fortalezas de esta isla”. Así, “Ocupándola el congreso, la ocuparían al mismo tiempo todas las provincias, todas las ciudades interesadas, todos los Estados confederados”, y recalca: “Ocupada la isla central por el congreso, quedaría garantizada la libertad comercial de todos los Estados contratantes…”

Por otra parte asegura que “Martín García llenaría aun mejor que Washington entre nosotros el importante rol de servir de centro administrativo a la Unión”.

Considera el prócer que “los Estados del Plata están llamados, por los vínculos con que la naturaleza los ha estrechado entre sí, a formar una sola nación”, la que podrá convertirse en una potencia a la par de Brasil, “fuerte de cuatro millones de habitantes”. Y además: “La dignidad y posición futura de la raza española en el Atlántico exige que se presente ante las naciones en un cuerpo de nación QUE UN DÍA RIVALICE EN PODER Y EN PROGRESO CON LA RAZA SAJONA DEL NORTE, ya que el espacio del país que ocupa en el estuario del Plata es tan extenso, rico y favorecido como el que ocupan los Estados Unidos del Norte”.

Un año después de publicar “Argirópolis” Sarmiento conoció Martín García, y amplió su iniciativa a la totalidad de las naciones de la cuenca del Plata. Informa en “Campaña en el Ejército Grande” que recorrió la isla a caballo con el objeto de “conocer su naturaleza e idoneidad para puerto franco, resguardo, Aduana, ´Zollverein´ (Unión Aduanera), para el Brasil, Bolivia, Uruguay, Paraguay y República Argentina”. Y escribió en una roca próxima a la playa: “1850- Argirópolis/1851-Sarmiento”.

Esta es una de las calumnias más persistentes contra el Maestro de América, y muy fácil de destruir. Fundamentalmente se apoya en la carta que Sarmiento le escribe a Mitre el 20 de setiembre de 1861, días después de vencer éste en Pavón, donde expresa: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”.

Ocurre que el vocablo “gaucho” tiene un significado positivo y uno negativo. Este último se mantiene en el habla de diferentes zonas del interior de nuestro país, y es el que empleó el provinciano Sarmiento en la misiva del caso. Una investigación a fondo sobre el tema, de conclusiones coincidentes hacia lo que acabamos de señalar, la llevó a cabo la Académica del Folklore Prof. Olga Fernández Latour de Botas.

La última edición –la 22ª, del año 2001- del Diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española, da para “gaucho” una explicación positiva (la nº 2): “Dicho de una persona: noble, valiente y generosa”, y una negativa, que considera actualmente poco usada (la nº 4): “Ducho en tretas, taimado”. Otras explicaciones que aporta el artículo son descriptivas; la nº 5 (además histórica): “Mestizo que, en los siglos XVIII y XIX, habitaba la Argentina, el Uruguay y Río Grande del Sur, en el Brasil, era jinete trashumante y diestro en los trabajos ganaderos”; y la nº 6: “Hombre de campo, experimentado en las faenas ganaderas tradicionales”.

Ciñéndonos al significado negativo del término al que apeló Sarmiento, y a fin de profundizarlo, siempre recurriendo al Diccionario de la lengua española tenemos que taimado es sinónimo de bellaco, y bellaco lo es de malo, pícaro, ruin.

O sea que lo que en verdad recomendó Sarmiento a Mitre, fue que no ahorrara sangre de individuos taimados, bellacos, malos, pícaros, ruines, sin importar su procedencia –el campo o la ciudad-.

El Educador amó y admiró al hombre de nuestras campañas, como lo revela en las páginas magistrales, fundadoras de la sociología argentina, de los primeros capítulos de “Facundo”: el I, “Aspecto físico de la República Argentina, y caracteres, hábitos e ideas que engendra”; y el II, “Originalidad y caracteres argentinos.- El rastreador.- El baquiano.- El gaucho malo.- El cantor”.

Además, sus planes de Educación popular y Educación común apuntaron a beneficiar, y lo hicieron, a nuestros campesinos (véase en 6 D. EDUCACIÓN, CULTURA Y SOCIEDAD, Escuela ambulante de campaña). Cometido principal para Sarmiento fue librar a este estamento de las ataduras medievales de todo orden –cultural, social, económico, político-, que lo oprimían.

Con lucidez asienta en “Facundo”: “En la República Argentina se ven a un tiempo dos civilizaciones distintas en un mismo suelo: una naciente, que sin conocimiento de lo que tiene sobre su cabeza, está remedando los esfuerzos ingenuos y populares de la Edad Media; otra, que sin cuidarse de lo que tiene a sus pies, intenta realizar los últimos resultados de la civilización europea. El siglo XIX y el siglo XII viven juntos: el uno dentro de las ciudades, el otro en las campañas”.

Resulta absurdo, entonces, pensar que quien abrigó ideas tan favorables al gaucho, lo minimizara o propusiera su eliminación.

La pregunta implica otro infundio tradicional. Cuando el mayor Pablo Irrazábal asesina al caudillo, Sarmiento hacía cinco meses que había abandonado la dirección de la guerra contra éste. El hecho, por lo tanto, no respondió a decisión alguna del prohombre.

No. El pasado asumía trascendental relevancia para el Civilizador, por las enseñanzas que contiene y por su función de base para la construcción de un presente y un futuro venturosos. Para Sarmiento el tiempo es una continuidad y en ella, como es propio de una mente culta, tiene muy en cuenta a las generaciones venideras. Sarmiento desea conectar con estas últimas, destinarles mensajes (cápsulas del tiempo), prepararles una vida mejor en lo material y en lo inmaterial.

En los textos sarmientinos podemos hallar numerosos ejemplos en que el autor aprecia lo pretérito. Tomemos de “Viajes” su experiencia en la Capital italiana: “esta Roma, cuyo nombre… realzan y rodean de prestigios colosales los estudios históricos”, y relata su subida al Capitolio, el hallazgo de las estatuas de Cástor y Pólux, los trofeos de Mario, y las estatuas de Constante y Constantino, de Antonino Pío y de Minerva.

El sentido del devenir le permite a Sarmiento un auténtico viaje a través del tiempo, con el alma exaltada: “Todos estos objetos de arte y el culto antiguo, presentándose tan de improviso a mis miradas, me hacían olvidar los siglos y las vicisitudes que de aquellos tiempos nos separan; y por entonces hallábame en espíritu en la Roma, patria de los grandes varones que ilustraron los tiempos gloriosos de la República…”

Importa a este respecto ponderar su artículo ya citado “La victoria de Chacabuco”, en el que opina: “la historia escrita a punta de buril de Tucídides o de Tácito conserva la frescura, merced a los lineamientos del arte; son la ´Ilíada´ y la ´Eneida´ las que sobreviven a los siglos y las civilizaciones”.

Más aún: en esta nota periodística Sarmiento da cuenta de su propio y entusiasta rol de historiógrafo, que registra para siempre los relatos de testigos. Lo que equivale a: “largas y alegres sesiones en casa del general don Juan Gregorio de Las Heras, jefe del ala derecha que se retiró en orden e incólume de Cancha Rayada”. Y además oigamos: “El camino de los Andes a Santiago atraviesa… el campo de batalla de Chacabuco. Habíalo recorrido el autor en 1827, es decir, diez años después, y cien veces más tarde, siendo su residencia el valle de Aconcagua./Los rastros estaban, pues, frescos en la memoria de los contemporáneos”.

La concepción plena del tiempo, intergeneracional, en Sarmiento puede comprobarse particularmente en su carta a Adolfo Ibáñez, citada, a propósito de la Patagonia como heredad soberana de la Argentina: “Así lo reconocieron nuestro padres, así lo conservarán nuestros hijos”: frase contundente, sobria, poética, elegantísima.

El eucalipto globulus, el mimbre y la morera. El eucalipto de Australia y el mimbre de Chile; esta última especie la introdujo luego en Paraguay.

Conforme datos de la Dra. Perla Montiveros de Mollo, sanluiseña y honda conocedora de la comarca sanfranciscana, Sarmiento llevó a San Francisco del Monte de Oro, en San Luis, el alhelí, cuando ejerció allí por primera vez en su vida la docencia. A partir de entonces, se consolidó en la localidad la tradición de obsequiarles esas flores a los docentes los 11 de Setiembre, Día del Maestro.

No, se trata de un mito. A estas aves las aportó Carlos Thays, el célebre arquitecto urbanista y paisajista francés radicado entre nosotros, autor de numerosas obras públicas y privadas. Entre ellas importantes y bellos paseos como el parque 3 de Febrero y el Jardín Botánico de Buenos Aires, y los parques Sarmiento de Córdoba, San Martín de Mendoza, 9 de Julio de Tucumán y 20 de Febrero de Salta.

Porque el Sanjuanino, siendo embajador argentino en Estados Unidos, luego de un encuentro en setiembre de 1865, recomendó por carta al presidente Bartolomé Mitre al ingeniero polaco Roberto A. Chodaziewicz para su incorporación al Ejército argentino, en ese momento en guerra contra el Paraguay.

Chodaziewicz inaugura la Aeronáutica Militar argentina y sudamericana el 8 de julio de 1867, cuando asciende durante cincuenta minutos a 760 pies en un globo aerostático cautivo, y observa “el fuerte de Curupaití, Curuzú, las posiciones de la escuadra aliada que debía atacar desde allí las posiciones paraguayas, e Itatí…” (Datos tomados de “Los globos aerostáticos en la guerra de la Triple Alianza, por Siro de Martíni y Oscar Rodríguez; Boletín del Centro Naval nº 760, verano-otoño 1990).

A esta ascensión siguieron otras, estimadas como provechosas para el éxito final de la guerra por el sector aliado -Argentina, Brasil y Uruguay-. Cabe notar que esta iniciación que imprime Sarmiento a la Aeronáutica castrense, es anterior a sus fundaciones del Colegio Militar de la Nación y la Escuela Naval Militar.

No lo sabemos, pero no puede excluirse. Nuestro compatriota visitó la Exposición Universal de París de 1867, una de cuyas principales atracciones era el globo aerostático de Nadar (Gaspard-Félix Tournachon), pionero en muchas áreas, entre ellas como fotógrafo y aeronauta. Abordar este aerostato cautivo significaba poder gozar de una vista de conjunto de las más de 68 hectáreas del predio de la muestra.

La curiosidad, el empuje y la valentía son esenciales a la personalidad de Domingo Faustino Sarmiento. ¿Resignaría él la experiencia de la
subida en el aire?

Hay que agregar que Nadar tomó desde globos aerostáticos las primeras fotografías aéreas de la historia, en 1856, que permitieron ver el mundo desde una nueva dimensión y cuya utilidad para fines militares se advirtió rápidamente. En1870, comandó una compañía de aerostatos que fotografió las posiciones de los prusianos que cercaban a París.